renazen maternidad

¿Por qué estoy aquí para ti?

 

Formada en maternidad, cómo madre de dos bellezas y con una estrellita en el cielo. Te podría empezar diciendo que mi periplo como madre empezó hace 8 años, con el nacimiento de mi primer hijo, pero iré haciendo una inmersión cronológica.

 

Adoro a los niños desde mi más tierna infancia. Siempre he sido muy sensible ante las injusticias o hacia cualquier tipo de dolor en menores. Quizá por eso empecé estudiando Puericultura, donde me enamoré de esos mocosetes tan adorables que se asombraban con el vuelo de una marquita.

Indagando un poco más en los problemas familiares, me diplomé en Trabajo Social, especializándome en Infancia y Juventud y eligiendo hacer las prácticas de la carrera en ADIMA (Asociación Andaluza para la Defensa de la Infancia y la prevención del Maltrato Infantil), en la Unidad de Abusos Sexuales a Menores, un reto en el que sentí aún con más fuerza las ganas de proteger a la infancia y la necesidad de abordarla desde otra perspectiva, desencantada de cómo funcionaba el sistema público en algunos aspectos.

 

Desde ahí hice Formación en Reflexología para el Embarazo y el Parto, con la gran eminencia en la materia Mauricio Kruchik, me formé para Educadora de Masaje Infantil con AEMI, me fui especializando en el embarazo con terapias como Reiki, Masaje Ayurvédico... todo un compendio de cuidados para poner conciencia en la madre desde que ésta nace. Es decir, desde que quiere quedarse embarazada o descubre que lo está.

 

Y un poco entre medio de todo esto, me convertí en mamá por primera vez: tenía 29 años, muchas ganas de ser madre y un miedo cuando me enteré que me tuvo en shock al menos mes y medio. Y es que, por mucho que tengas ganas, enfrentarte a lo desconocido por primera vez no es tan fácil como parece desde fuera.

 

Mi embarazo no fue precisamente fácil, pero esto te lo contaré en otra ocasión para no extenderme mucho. El caso es que, entre el embarazo, las primeras semanas de reto de lactancia y la inexperiencia, me dio por leer, aprender, leer, aprender y aprender un poquito más. Desde entonces decía a quién me preguntaba que yo no sólo era madre, sino que me estaba formando como tal. Devorando todo lo que podía leer, discutiendo con la vieja escuela (madre y suegra) por no hacer lo que me decían y, sobre todo, siguiendo mi instinto al 200%.

 

A los once meses de nacer mi peque, tuve un aborto espontáneo. No supe cómo reaccionar. Nadie me había preparado para eso. No me sentí acompañada. Y el duelo fue largo. Me hubiera gustado hacer las cosas de otra manera, un ritual de despedida. Llorar lo que necesitara la pérdida. Pero no fue así. Y por suerte, con el tiempo y más consciencia, he podido darle el lugar que se merecía.

 

Entre medio ha habido una trágica separación, fallecimientos e historias que me han convertido en madre soltera, en mamífera, en guerrera, en luchadora y en todos los adjetivos que se os ocurran para sobrevivir con un hijo, sin acabar locos en el intento ninguno de los dos. Mucha profundización, mucha escucha, mucho bajar a los infiernos y resurgir como el ave fénix.

 

Por fortuna del destino, encontré a mi compañero de vida en 2017 y todo se ha ido aposentando. Tanto que llegó la pandemia, nos encerraron a todos y, a la semana, supimos que estábamos embarazados. Un embarazo estupendo, muy consciente, también muy hormonal, que culminó en un maravilloso nacimiento en casa, rodeados de cajas de la mudanza que estábamos haciendo desde 5 días antes. Un nuevo hijo trae nuevos retos, nuevas experiencias y más ganas de aprender y compartir.

 

Así que, por y con todo esto, vengo hoy a compartir contigo todo lo que he aprendido, a ayudarte a que vivas tu embarazo de una manera consciente, bonita, cuidada, mimada y, sobre todo, acompañada. Ya sea por momentos puntuales, ya sea durante todo el embarazo o en el tiempo anterior o posterior al parto, vengo a poner mi corazón, mis manos, mi energía y mi experiencia a tu servicio. A vuestro servicio.

 

¿Te cuento por qué? Porque con el tiempo me di cuenta de que para cambiar la vida de los niños, para que tuvieran una infancia feliz, fueran cuidados y bien mirados, el mejor trabajo que podía hacer era empezar por las madres. Las eternas olvidadas, las que se sienten culpables por todo y por nada, hagan lo que hagan. Las que a veces pueden llevar el mundo sobre sus hombros y otras, derrotadas, sólo aparentan poder hacerlo. Y también porque fui consciente de que a veces nuestra infancia nos dejó ancladas en algo, y otras no hemos conseguido sacudirnos todavía el papel de niñas para tomar la vida y sus circunstancias como sólo una adulta puede hacerlo. Y otras, la familia. Y otras, la pareja. Y otras, la soledad. Y otras, la vida...

Para todo eso estoy aquí.

 

Sé bienvenida y bienhallada. 

 

 

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